jueves, 27 de noviembre de 2008

GLORIA FUERTES Y UNA PROMESA


Hoy, hoy hace 10 años que falleció Gloria fuertes, y casi parece que fue ayer... tenía previsto para este día escribir algo, algo sobre su vida y su obra, llevaba varios días pensándolo, he tenido en las manos y he releído los recortes de prensa de aquel día de esa década atrás, he estado revisitando sus poemas, he organizado un mini homenaje en la librería, con un montón de niños alrededor, y bueno, ahora no sé que decir, pero me siento en la obligación moral de decir algo...

Quizás debería comentar únicamente mis sensaciones ante lo que ha sido el paso del tiempo sobre su efigie y su obra, especialmente la parte de su obra que no es “para los niños”, esa sensación que tengo, tan continuada, de que Gloria sigue siendo una especie de patito feo, (seguro que a ella este símil le haría gracia y supongo que le parecería apropiado) dentro de la poesía “culterana”; comentar mi sensación de que siguen los tópicos comiéndosela viva (y ahora supongo que muerta), que sigue siendo, en cierta forma, el gran bate de la poesía infantil en nuestras tierras, mientras permanece ninguneada, por buena parte de los estudiosos y defensores de la poesía más seria, Por que a muchos les parece que su poesía no estaba carga de seriedad... ¿su poesía sería?: Quizás no lo era tanto, mejor debería decir -su poesía más personal, melancólica y en algunas ocasiones, triste. ¡Pero que narices!, su poesía se asentaba en la seriedad, tan seria cómo la de cualquier otro poeta que sufriese y escribiese sinceramente sobre su dolor, cómo lo hizo ella.

Lo que verdaderamente la diferenciaba de muchos, de otros muchos, era su capacidad de mirar hacía delante, de no regodearse en la soledad, en la perdida, en la imagen subjetivizada del sufrimiento ajeno que, los que se atreven, pueden ver cada día a través de la ventana. Ella no solamente era de mirar por el cristal, ella era más bien de salir a patear las calles y los bares, de recorrer los pueblos, de meterse donde fuese para echar una mano, o escuchar, o entregar algún consuelo, allá donde lo pudieran necesitar Creo que ella era así, generosa, aunque sufriese.

Quizás debiera dejar aquí constancia de las alabanzas que han escrito algunos de los más reconocidos de nuestras letras: Villena, Cela, Gala, Umbral, Biedma, pero tampoco lo voy a hacer, al menos hoy. Prefiero, si acaso, hablar un poco de lo que fue y es para mí esta mujer de “verso en pecho” cómo ella misma se definió en uno de sus últimos poemarios.

Para hablar de su poder simbólico sobre mi vida, me he de remontar a la madrileña feria del libro de 1996, feria en la cual tuve la suerte de conocerla. La sensación que me produjo la primera vez que la vi fue extraña pero tremendamente grata, fue cómo conocer aun súper héroe: al mismismo Spiderman.

Por aquel entonces ya había leído su obra “adulta”, y estaba fascinado a mis 20 añitos con sus versos, que me parecían tan singulares, (cómo me lo siguen pareciendo hoy), pero su presencia, con esa voz suya, tan suya, no sé, era algo especial, tranquilizador, agradable, muy agradable... Ella ahí estaba, bebiendo algo que parecía té helado, y que yo sospeché whisky con agua. Nada referente a aquel baso le pregunté en la conversación que tuvimos. Más tarde, me enteré que el Bourbon lo bebía cómo si fuera el mismo té helado del que yo sospechaba... ella era así, y yo así de “sospechante”.

Y bueno, pues así me encontré con ella por primera vez,. Me recibió con cariño, casi cómo si me conociera de algo, y me firmó dos ejemplares de su “poeta de guardia”, uno para mí, y otro para la mujer que amaba. Aquel ejemplar firmado para la mujer en cuestión, se convirtió, gracias a Gloria, y al amor que a mi me brotaba, en un símbolo. Aquel libro durante los días siguientes, cada día en el almacén en el que trabajaba, fue transformándose en algo, un poco distinto, donde estaba gloria, donde estaba mi amor, y el amor de ella, sin que por el momento ella misma lo supiera.

A la semana siguiente de haber conocido a Gloria, y recién terminada la metamorfosis “librística”, volví a la feria, donde sabía que la señorita Fuertes volvía a firmar sus libros “adultos”. Ella me reconoció, y yo le enseñé el libro que ella misma había dedicado para una desconocida una semana antes. El libro le encantó, lo miró con detenimiento, pasó sus dedos, me hizo muchas preguntas, y al devolvérmelo, me dijo que debía querer mucho a esa mujer, y yo le dije que si. Le hablé de ella, la cual también admiraba su obra, tras esto me dijo que quería conocerla, y que estaría por la feria algún día más, en tal caseta, tal día, a tal hora. Después, le entregué unos poemas que le había escrito unos meses o semanas antes. Ella los leyó, y me dijo que escribiera más, y me llamó poeta... creo que fue la primera vez que alguien dijo algo así de mí, sin que hubiera mofa de por medio, o al menos que yo me lo creyese.

Buena parte de aquella tarde la pasé allí plantado, ante la caseta, los dos hablando relajadamente, y ante la mirada divertida de la responsable del puesto. Durante el largísimo rato, quizás un par de horas, que estuve allí, cual espigado poste telefónico, apenas se pasó nadie para comprar un libro de sus poemas para adultos. Sin embargo, cómo era de esperar, si que se acercaron algunos para que le firmase libros infantiles, y entre firma y firma, agradecimiento y agradecimiento, Gloria y yo seguíamos hablando, e intercambiando impresiones sobre poesía. Le pregunté sobre el significado de alguno de sus versos, y entre tanto charlamos sobre la vida, sobre el amor, y bueno, para mí fue verdaderamente gratificante, y espero que también lo fuera para ella.

Al final, ya cuando me sentía en mayor confianza, le interrogué al respeto del sospechoso té helado, que en esta segunda ocasión también le acompañaba, y ella, sonriéndose, lo defendió cómo un verdadero té, alegando que los médicos no la dejarían beber whisky.

Y yo, en el día de hoy, sigo sospechando y “sospechado”, ante la imagen de aquel supuesto té con cubitos flotando.

Y esto es todo, todo lo que puedo contar y todo lo que la memoria me concede. De aquellos dos encuentros quedaron sensaciones y dos libros con dedicatoria manuscrita. El mío sigue siendo una verdadera joya sentimental, el otro, se convirtió para mí en la más sincera representación de mi amor hecho papel. Es posible que nunca he regalado otra cosa semejante, quizás si algo más trabajoso o esforzado, pero creo que nunca antes ni después algo se elaboró en mis manos con tanta ilusión. Supongo que era lo propio a los 20 años. En realidad mi intervención en el libro fue fácil, pero aún me recuerdo muy emocionado haciéndolo, por quien lo había dedicado, y por quien lo iba a recibir.

No sé que ha sido de ese libro, supongo que estará en una estantería, espero que ese libro sea feliz, y haga feliz a alguien, ya sé que hizo felices a dos mujeres, y a mí mismo, allá por el estío del 96.

Han pasado 12 años de aquello, y 10 desde la perdida de Gloria. Han pasado 9 años y 364 días de la promesa que nos hiciéramos amorosamente mi amada y yo, y la cual nunca resolvimos. Han pasado algo así cómo cerca de dos años del intento frustrado por parte de ambos, en cumplir de una vez por todas la promesa insatisfecha. Creo ya ha llegado el momento de cumplir ese pacto, pero esta vez lo haré yo sólo, Gloria se lo merece, supongo que los tres nos lo merecemos, y tampoco hay muchas más posibilidades.


En los próximos días subiré poemas de Gloria y alguna otra cosa más.


miércoles, 9 de julio de 2008

Si, Sergio A... a muerto


Es extraño como de forma sorpresiva, sin previo aviso postal, sin augures que nos hagan compañía, sin nada por delante, ni por en medio, ni por detrás, así, como una manzana recién caída de su único-último-primer manzano , el de los abrazos que su fruto ha soltado sin más, así, sin voces ni grillos barítonos que lo puedan cantar, así, con la ropa de irte a la cama, con la ropa de irte a vivir a la esquina del cuarto oscuro de tu casa, así, sin ojeras inmigradas que nos recuerden lo mucho que nos falta soñar, así, de esa forma tan espeluznantemente sorpresiva, de esa manera igual a la mosca aplastada sobre el muslo cargadito de verano, así, puede morir alguien, puede morir y ha muerto Sergio A.... Algora

Ha muerto a los 39 años este gran poeta, no muy comprendido, no demasiado desconocido, no muy guapo, no muy rico, no muy alto, no muy de pelo liso, no muy de ninguna parte, no muy de ninguna casta, pero si muy vivo, hasta hoy, ayer...

Sergio Algora ha sido uno de los grandes de la música en este país, aunque a muchos les joda reconocerlo. fue junto a los componentes de su grupo, "el niño gusano", un verdadero oasis en mitad del erial que no sabía a casi nada, y de repente en el año 1995 sacan un alucinado disco con las letras más extrañas que se habían parido en esta piel de toro en muchos años, y que a mi entender, aún nadie ha superado. Surrealísmo aparentemente infantil, casi de cuento de hadas psicotizadas con xilófono, que me hizo mucha compañía durante aquellos años, melodías y estribillos que aún me hacen desear querer reventarme la cabeza contra las paredes de pura alegría, y esto, no lo consigue ya casi nadie ni casi nada. Luego en año 1996 el espectáculo continuó, con otro disco, si cabe más increíble que el primero, y luego otro, y después otro grupo encabezado por Sergio, y poemarios, y un libro de relatos ("a los hombres de buena voluntad"), que es verdaderamente sorprendete, de lo mejor que he leído en el genero, y entre tanto otro grupo casi tan fantástico como el primero... y bueno, al final Sergio a muerto, el artífice de tantas hermosas e inesperadas canciones, de versos y frases imaginativas, ese hombre de Zaragoza a muerto con 39 años, en la cama durmiendo, cómo los buenos... por que estoy convencido de que Sergio era así, bueno de corazón, por desgracia de corazón demasiado sensible, y esto además de ser un gran poeta y compositor. Si, Sergio debía ser una bella persona, y entonces me pregunto si no habría sido mejor que fuera un poco más cabrón, y tenerle algo más de tiempo por aquí, entre nosotros.

Sergio amaba la música, pero sobre todo amaba la literatura, la poesía, y de hecho su música a disfrutado ampliamente de ese gusto suyo; suerte para nuestros oídos.

Quiero cerrar este mi pequeño homenaje con una un estribillo suyo, quizás no el mejor, pero el cual me dice mucho: "no pesa más de un gramo todo lo que amo"... y podría haber elegido tantos, pero me quedo con este.
Pues nada Sergio, ve en paz allá donde estés, tú que eras un hombre de buena voluntad, vuela con el murciélago a ninguna parte, con tu parte más sabrosa. Sergio, pon tu mente al sol...

Ciao, y vuelve pronto en la forma que tú quieras.

P.D: no me resisto:

"Oh ciempiés, hazme un sitio entre tus pies
te cuidaré y te pondré un zapato en cada pié.
Oh ciempiés, anillo a anillo un carrusel.
soy siamés unido a ti cómo si fuera una pulga feliz.
ya no hay nada que celebrar.

Oh jabón si pudiera viajar contigo por la piel
de quien sé que no me puede ni ver
ya no hay nada que celebrar.
Oh jabón en cada por en donde te paras
a descansar, a perfumar donde mis manos nunca llegarán."

P.P.D: no creas que me agrada tener que haber escrito sobre ti, en un sitio cómo este, en el que sólo hago referencia a los muertos con los que de seguro aún no merecías encontrarte bajo su abrigo. Lo siento...

Sergio a

viernes, 18 de abril de 2008

Willian B. Yeats, Carlitos el poeta y Keats...


Hoy, para celebrar la preciosa noche que me ha regalado mi amigo carlitos el poeta, en el salón de mi casa, con lecturas de maravillosos poemas ajenos, y tras ver una de mis películas preferidas, "La última carta" (84 Charing cross road), he decidido volver a este redil que tengo tan abandonado, y colgar aquí, el maravilloso poema recitado en la película, obra de ese gran irlandés que fue Willian B. Yeats. Creo que si algún día se me hunde bajo tierra, si es que las alimañas o el crematorio no me devoran, creo que si tuviera que dejarme inerte en una caja de pino, con lapida incluida, creo que si fuera así, me gustaría, que en dicha lapida se incluyera este poema, desde hace muchos, muchos años, uno de mis preferidos, quizás el que más me gusta de todos los leídos, el que más me ha gustado desde siempre:

"Si tuviera los mantos bordados del cielo,
Tejidos del oro y la plata de la luz.
Los mantos azules, oscuros y negros del cielo,
De la noche de la luz y de la media luz,
Desplegaría los mantos bajo tus pies,
Pero siendo pobre no tengo más que mis sueños.
He desplegado mis sueños bajo tus pies.
Pisa suavemente, porque pisas mis sueños."

....No creo que haya que considerar a este poema como un racimo de versos tristes, no lo son, es un poema tierno, sí; es sincero, romantico, nocturno, quizás un poco patetico, pero es hermoso, verdaderamnte hermoso, y nada hermoso, sea cual sea el canón o naturaleza con la que queramos medir o comparar dicha hermosura, nada que sea verdadera e intimamente hermoso, nada que brille ante nosostros, por leve e incomprensible que sea para los otros ese resplandor, nada que sea bello, es triste.
Creo que hasta en la tristeza, por poca belleza que esta albergue, se puede convertirla la tristeza en una pequeña alegría o satisfacción... y ahora me acuerdo de Keats, diciendo aquello de la verdad que es belleza, y la belleza que es verdad...Ciao.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Pasaba por aquí, como diría Aute....

Hoy pasaba por aquí corriendo, y me he dicho a mí mismo ¡anda la pucha, si hace mucho que no escribo en el blog!, y he venido a escribir este pensamiento... Para que no digan por ahí que tengo mucho morro... ciao.

P.D: Hoy, día de cobro, como era de esperar, me he comprado unos librines... ¡ay, los libros, qué amigos más simpáticos!

sábado, 19 de enero de 2008

El insomnio de un romano

Hace mucho que no escribo aquí, bueno en general hace mucho que no escribo, pero aquí estoy de nuevo. Tras pasar unas navidades, a mi entender bastante infernales, y tras reponerme un poco de algunas decepciones, pues aquí ando, muy grecolatino, es más, diría que todo mi ser está en un plan muy antiguo, ya que el rabillo del ojo se me está escapando a otras latitudes precristianas, y a otras geografías más sumerias, más acadias, más etruscas, pero de estas latitudes hablaré otro día. Hoy quería, aprovechando mi ligero desvelo, colgar aquí un poemillas de un romano, de esos de los que nunca había oído hablar (mi ignoracia, que sigue haciendo de las suyas, y lo que me queda...). El caballero en cuestión se llamaba Papinio Estacio (el papito "estaci", para los amigos), el caso es que este buen hombre, que vivió en el siglo primero después de "jesuscriste",y que era hijo de un profe de retorica y poesía napolitano, escribió, entre otras cosas, un conjunto de poemas, las "silvas", de las cuales voy a trascribir aquí una que me ha encantado, y que meritoriamente resulta ser la más famosa (¡y yo que creía haber descubierto América!):

El sueño

"¿Qué falta o qué delito he cometido, dulce sueño, el más tranquilo de los dioses, para haberme privado de tus dones? Los rebaños, las aves y las fieras van callándose todos, las copas de los árboles simulan que se vencen por el sueño fatigadas, las aguas de los ríos impetuosos no suenan tan ruidosas, las ondas de los mares no se ven encrespadas y en brazos de las tierras los océanos descansan. Es la séptima vez que Febe vuelve y contempla mis mejillas pálidas; las luces del Eta y de Pafos me han mirado también siete veces, y otras tantas la esposa de Titono ha pasado al lado de mi llanto y sobre mí ha dejado caer, compasiva, el helado rocío de su vara. ¿Cómo podré aguantarlo? Ni aún teniendo mil ojos, como el sagrado Argos, aquel que sólo abría la mitad en su guardia y nunca le ocurrió velar con todos ellos. Pero , ¡ay de mí!, si alguien ahora, oh sueño, con una larga noche por delante no te necesitara por estar estrechando en sus brazos a una linda muchacha, ven inmediatamente de allí: no te obligo a infundir en mis ojos el enorme poder de tus alas (a gentes más felices les dejo esa plegaria), basta con que me roces con la punta de tu varita mágica o con que pases apenas suspendidas en el aire tus plantas."

Bueno pues nada, un poemilla más, que siempre faltan. Ciao.