Hoy, hoy hace 10 años que falleció Gloria fuertes, y casi parece que fue ayer... tenía previsto para este día escribir algo, algo sobre su vida y su obra, llevaba varios días pensándolo, he tenido en las manos y he releído los recortes de prensa de aquel día de esa década atrás, he estado revisitando sus poemas, he organizado un mini homenaje en la librería, con un montón de niños alrededor, y bueno, ahora no sé que decir, pero me siento en la obligación moral de decir algo...
Quizás debería comentar únicamente mis sensaciones ante lo que ha sido el paso del tiempo sobre su efigie y su obra, especialmente la parte de su obra que no es “para los niños”, esa sensación que tengo, tan continuada, de que Gloria sigue siendo una especie de patito feo, (seguro que a ella este símil le haría gracia y supongo que le parecería apropiado) dentro de la poesía “culterana”; comentar mi sensación de que siguen los tópicos comiéndosela viva (y ahora supongo que muerta), que sigue siendo, en cierta forma, el gran bate de la poesía infantil en nuestras tierras, mientras permanece ninguneada, por buena parte de los estudiosos y defensores de la poesía más seria, Por que a muchos les parece que su poesía no estaba carga de seriedad... ¿su poesía sería?: Quizás no lo era tanto, mejor debería decir -su poesía más personal, melancólica y en algunas ocasiones, triste. ¡Pero que narices!, su poesía se asentaba en la seriedad, tan seria cómo la de cualquier otro poeta que sufriese y escribiese sinceramente sobre su dolor, cómo lo hizo ella.
Lo que verdaderamente la diferenciaba de muchos, de otros muchos, era su capacidad de mirar hacía delante, de no regodearse en la soledad, en la perdida, en la imagen subjetivizada del sufrimiento ajeno que, los que se atreven, pueden ver cada día a través de la ventana. Ella no solamente era de mirar por el cristal, ella era más bien de salir a patear las calles y los bares, de recorrer los pueblos, de meterse donde fuese para echar una mano, o escuchar, o entregar algún consuelo, allá donde lo pudieran necesitar Creo que ella era así, generosa, aunque sufriese.
Quizás debiera dejar aquí constancia de las alabanzas que han escrito algunos de los más reconocidos de nuestras letras: Villena, Cela, Gala, Umbral, Biedma, pero tampoco lo voy a hacer, al menos hoy. Prefiero, si acaso, hablar un poco de lo que fue y es para mí esta mujer de “verso en pecho” cómo ella misma se definió en uno de sus últimos poemarios.
Para hablar de su poder simbólico sobre mi vida, me he de remontar a la madrileña feria del libro de 1996, feria en la cual tuve la suerte de conocerla. La sensación que me produjo la primera vez que la vi fue extraña pero tremendamente grata, fue cómo conocer aun súper héroe: al mismismo Spiderman.
Por aquel entonces ya había leído su obra “adulta”, y estaba fascinado a mis 20 añitos con sus versos, que me parecían tan singulares, (cómo me lo siguen pareciendo hoy), pero su presencia, con esa voz suya, tan suya, no sé, era algo especial, tranquilizador, agradable, muy agradable... Ella ahí estaba, bebiendo algo que parecía té helado, y que yo sospeché whisky con agua. Nada referente a aquel baso le pregunté en la conversación que tuvimos. Más tarde, me enteré que el Bourbon lo bebía cómo si fuera el mismo té helado del que yo sospechaba... ella era así, y yo así de “sospechante”.
Y bueno, pues así me encontré con ella por primera vez,. Me recibió con cariño, casi cómo si me conociera de algo, y me firmó dos ejemplares de su “poeta de guardia”, uno para mí, y otro para la mujer que amaba. Aquel ejemplar firmado para la mujer en cuestión, se convirtió, gracias a Gloria, y al amor que a mi me brotaba, en un símbolo. Aquel libro durante los días siguientes, cada día en el almacén en el que trabajaba, fue transformándose en algo, un poco distinto, donde estaba gloria, donde estaba mi amor, y el amor de ella, sin que por el momento ella misma lo supiera.
A la semana siguiente de haber conocido a Gloria, y recién terminada la metamorfosis “librística”, volví a la feria, donde sabía que la señorita Fuertes volvía a firmar sus libros “adultos”. Ella me reconoció, y yo le enseñé el libro que ella misma había dedicado para una desconocida una semana antes. El libro le encantó, lo miró con detenimiento, pasó sus dedos, me hizo muchas preguntas, y al devolvérmelo, me dijo que debía querer mucho a esa mujer, y yo le dije que si. Le hablé de ella, la cual también admiraba su obra, tras esto me dijo que quería conocerla, y que estaría por la feria algún día más, en tal caseta, tal día, a tal hora. Después, le entregué unos poemas que le había escrito unos meses o semanas antes. Ella los leyó, y me dijo que escribiera más, y me llamó poeta... creo que fue la primera vez que alguien dijo algo así de mí, sin que hubiera mofa de por medio, o al menos que yo me lo creyese.
Buena parte de aquella tarde la pasé allí plantado, ante la caseta, los dos hablando relajadamente, y ante la mirada divertida de la responsable del puesto. Durante el largísimo rato, quizás un par de horas, que estuve allí, cual espigado poste telefónico, apenas se pasó nadie para comprar un libro de sus poemas para adultos. Sin embargo, cómo era de esperar, si que se acercaron algunos para que le firmase libros infantiles, y entre firma y firma, agradecimiento y agradecimiento, Gloria y yo seguíamos hablando, e intercambiando impresiones sobre poesía. Le pregunté sobre el significado de alguno de sus versos, y entre tanto charlamos sobre la vida, sobre el amor, y bueno, para mí fue verdaderamente gratificante, y espero que también lo fuera para ella.
Al final, ya cuando me sentía en mayor confianza, le interrogué al respeto del sospechoso té helado, que en esta segunda ocasión también le acompañaba, y ella, sonriéndose, lo defendió cómo un verdadero té, alegando que los médicos no la dejarían beber whisky.
Y yo, en el día de hoy, sigo sospechando y “sospechado”, ante la imagen de aquel supuesto té con cubitos flotando.
Y esto es todo, todo lo que puedo contar y todo lo que la memoria me concede. De aquellos dos encuentros quedaron sensaciones y dos libros con dedicatoria manuscrita. El mío sigue siendo una verdadera joya sentimental, el otro, se convirtió para mí en la más sincera representación de mi amor hecho papel. Es posible que nunca he regalado otra cosa semejante, quizás si algo más trabajoso o esforzado, pero creo que nunca antes ni después algo se elaboró en mis manos con tanta ilusión. Supongo que era lo propio a los 20 años. En realidad mi intervención en el libro fue fácil, pero aún me recuerdo muy emocionado haciéndolo, por quien lo había dedicado, y por quien lo iba a recibir.
No sé que ha sido de ese libro, supongo que estará en una estantería, espero que ese libro sea feliz, y haga feliz a alguien, ya sé que hizo felices a dos mujeres, y a mí mismo, allá por el estío del 96.
Han pasado 12 años de aquello, y 10 desde la perdida de Gloria. Han pasado 9 años y 364 días de la promesa que nos hiciéramos amorosamente mi amada y yo, y la cual nunca resolvimos. Han pasado algo así cómo cerca de dos años del intento frustrado por parte de ambos, en cumplir de una vez por todas la promesa insatisfecha. Creo ya ha llegado el momento de cumplir ese pacto, pero esta vez lo haré yo sólo, Gloria se lo merece, supongo que los tres nos lo merecemos, y tampoco hay muchas más posibilidades.
En los próximos días subiré poemas de Gloria y alguna otra cosa más.
1 comentario:
Hola, soy una amante de gloria fuertes y su obra, llevo muchos años buscando el audio-libro:
Glorierías (la voz y la palabra de Gloria Fuertes), Barcelona, Discoplay, 2001.
por favor, ¿podrías decirme como encontrarlo??
el dossier me ha encantado, espero poder descargármelo
un abrazo
mara
maretacab@hotmail.com
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